Qué pasa con las otras ventanas,
cómo me veo desde allá,
mi vida es un punto brillante,
es la lamparita que enciendo
al llegar a casa.




Estar en casa es algo que no se puede pensar, cuando se sale del lugar natal la casa se convierte en una abstracción cariñosa con forma de frase hecha: lo conozco como la palma de mi mano.
Pero uno no se termina de ir hasta que vuelve. Es recién al volver cuando la palma de la mano gigante que nos tiene y creíamos propia, muestra que esa contención es también ver en detalle la contradicción de la que está hecha la vida en todos los niveles de la existencia, el orden y desorden, el buen y mal estado de las cosas, lo roto y lo sano, vida y muerte conviviendo en los mismos espacios íntimos: la casa, la ciudad, el país, el continente.
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